I.
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Resplandezca
sobre nosotros,
Padre
omnipotente, el esplendor de tu gloria, Cristo, luz de luz, y el don de tu
Espíritu Santo confirme los corazones de tus fieles, nacidos a la vida nueva en
tu amor.
Por
Jesucristo, nuestro Señor, Amén.
II.
Del santo Evangelio según San Lucas 14,
25-33
En
aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
–Si
alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a
sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede
ser discípulo mío.
Quien
no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así,
¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a
calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No
sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él
los que miran, diciendo:
«Este
hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
¿O
qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si
con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y
si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones
de paz.
Lo
mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo
mío.
III.
HOMILIA
En
varias ocasiones creemos que al leer un texto evangélico, como el que hemos
leído, lo podemos aplicar a los diáconos, presbíteros u obispos, religiosos y
religiosas. Y tal vez tengan razón, creo que estos textos de índole vocacional
han acompañado todo mi proceso formativo y han sido textos que han alentado mi
vocación para seguir a Cristo por el camino de los consejos evangélicos.
Sin
embargo los textos evangélicos nos son exclusivos para los ministros o los
religiosos, sino que es un patrimonio a ser asimilado por parte de todos los
bautizados.
“El
llamado a seguir a Jesús es para todos”, Sí, para todos.
Seguir
a Cristo es un llamado que recibimos en el sacramento del bautismo, y abarca
cada elección, que a lo largo de la vida vamos haciendo.
Seguir
a Jesús es una actitud de querer hacer su voluntad, independientemente del
estilo de vida al que particularmente me haya llamado, puedo seguirlo en la
soltería, en el matrimonio, en el sacerdocio, en la vida religiosa, etc.
¿Qué
implica este seguimiento de Jesús?
1.
La llamada de Dios.
La
llamada es una iniciativa que viene de Dios, Él es quien nos llama a seguir un
camino, el cual tiene como meta su propia persona. Es un camino que hace a lo
largo de toda la vida, un camino que puede presentarse como sencillo y en otras
ocasiones difícil y hasta pudiera darnos la impresión de ser imposible de
transitar. Sin embargo el llamado tiene una meta concreta el encuentro con
Jesucristo resucitado.
2.
La Respuesta
Si
hay un llamado, se requiere una respuesta, es nuestra, nos corresponde dar Sí a
Aquel que busca nuestra salvación. La respuesta nos invita a ser seguidores de
Jesús, antes que otra cosa. Hay ocasiones en que no somos seguidores de Jesús,
sino adeptos a una religión, no somos verdaderos discípulos, oyentes del maestro,
sino miembros de una institución que cumplen bien o mal sus obligaciones
religiosas. La respuesta verdadera implica que seamos adeptos, discípulos y
seguidores de Jesús, identificados por su proyecto.
3.
Misión
Elemento
indispensable del llamado es la misión, esta solo la puedo traducir en
testimonio de la acción salvífica de Dios en la propia vida, en la propia
elección del estado en el que vivimos. El matrimonio debe ser testimonio de
Dios precisamente en el amor incondicional, fiel y perpetuo al cónyuge; el
religioso o la religiosa siendo testimonio del amor de Dios amándole a él de
una manera indivisa, siendo fiel al carisma de su instituto; por su parte el
soltero siendo fermento del reino de Dios en los entornos donde se desenvuelve.
IV. ORACIÓN FINAL
Señor, te pido por las vocaciones
de cada uno de los bautizados, que sea cual sea
la que hayas determinado
para cada uno de ellos,
obtengan la gracia de descubrirla
y aceptarla conforme a tu voluntad,
y se entreguen dócil y generosamente a él,
cumpliendo fielmente los deberes
que la misma les imponga.
de cada uno de los bautizados, que sea cual sea
la que hayas determinado
para cada uno de ellos,
obtengan la gracia de descubrirla
y aceptarla conforme a tu voluntad,
y se entreguen dócil y generosamente a él,
cumpliendo fielmente los deberes
que la misma les imponga.