lunes, 22 de agosto de 2016

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C


I.                    INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Resplandezca sobre nosotros,
Padre omnipotente, el esplendor de tu gloria, Cristo, luz de luz, y el don de tu Espíritu Santo confirme los corazones de tus fieles, nacidos a la vida nueva en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor, Amén.

II.                  DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS: 13, 22-30

En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando.
Uno le preguntó:
–Señor, ¿serán pocos los que se salven?
Jesús les dijo:
–Esfuércense  en entrar por la puerta estrecha. Les digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, se quedarán fuera y llamarán a la puerta diciendo: «Señor, ábrenos» y él les replicará: «No sé quiénes son.» Entonces comenzarán a decir: «Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas.» Pero él les replicará: «No sé quiénes son. Aléjense de mí, malvados.»
Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando vean a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y ustedes se vean echados fuera. Y vendrán de Oriente y Occidente, del Norte y del Sur y se sentarán a la mesa en el Reino de Dios.
Miren: hay últimos que serán primeros y primeros que serán últimos.


PALABRA DEL SEÑOR

III.                HOMILIA

La salvación es para todos, no el privilegio de unos cuantos. Hermanos, el tema de la salvación no es ya motivo de charla entre amigos, entre compañeros de trabajo o entre los miembros de la familia. Sin embargo debería serlo, así como nos preocupamos por aquellos elementos que día a día son necesarios para la subsistencia, así deberíamos de preocuparnos por la vida después de la vida.

Una pregunta sobre quien puede salvarse, desencadena una serie de reflexiones en el Señor Jesús y la respuesta dada no era quizá la esperada, sin embargo si era la más adecuada.

En el contexto que se presenta la Palabra de este día, encontramos una mentalidad corta, que considera que solo se podían salvar aquellos que pertenecían a un determinado pueblo, o por el cumplimiento de una serie de preceptos. ¡Y todos lo creían así! Con esto se excluían a la mayoría del orbe, y los mismos excluidos se sabían como tal. Y es aquí donde la respuesta de Jesús es lanzada, rompiendo los paradigmas existentes en la época.

Para ser salvados hay que esforzarse por entrar por la puerta angosta. Ciertamente la salvación es un regalo de nuestro Dios. Jesucristo, con su muerte y resurrección, nos dio la salvación. Es un regalo, no la podemos comprar y es para todos. Sin embargo existe la responsabilidad personal en la aceptación o rechazo de esa salvación. Una responsabilidad que en palabras de Jesús es entrar por la puerta angosta.

La puerta amplia significa una vida cómoda, sin preocupaciones y mucho menos una vida abnegada. La puerta amplia lleva a conformarnos con el hedonismo imperante en nuestra realidad, a continuar viviendo en un consumismo exacerbado, a vivir un inmediatismo en todo lo que realizamos… Dicho de otra manera a la falta de compromiso…

Por la puerta amplia entran los católicos de misa de domingo, que no tiene conexión con la vida, aquellos católicos que son solo de nombre o de tradición, no hay coherencia entre fe y vida.

El que esfuerza por aceptar la salvación es el que elige entrar por la puerta angosta. Aquel que sabe salir de sí mismo y sale al encuentro del otro. Es la persona altruista que está al pendiente de los demás, que es capaz de sacrificar momentos personales para hacer una obra de caridad. Dicho de otra forma, es el católico que conecta la fe con la vida, que sabe que la eucaristía no solo es el culto dominical o los días de precepto.

Hermanos, la salvación es un regalo que Dios nos hace, pero aceptarlo requiere de un esfuerzo personal, y el esfuerzo exige optar por la puerta angosta. Una situación que a simple vista pudiera parecer agobiante y atocigadora, pero más que otra cosa, nos pone en la responsabilidad personal de nuestro destino en la eternidad.

ORACIÓN

Gracias Señor por el regalo de la Salvación que me ofreces en la persona de Cristo Jesús, muerto y resucitado. Te pido me des la sabiduría, el valor, el coraje y la disponibilidad para optar por tan preciado regalo, y, esto es, entrando por la puerta angosta. AMÉN.

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