lunes, 5 de septiembre de 2016

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

I.              INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO

Resplandezca sobre nosotros,
Padre omnipotente, el esplendor de tu gloria, Cristo, luz de luz, y el don de tu Espíritu Santo confirme los corazones de tus fieles, nacidos a la vida nueva en tu amor.
Por Jesucristo, nuestro Señor, Amén.

II.            Del santo Evangelio según San Lucas 14, 25-33

En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
–Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío.
Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
«Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar.»
¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil?
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío.

III.           HOMILIA

En varias ocasiones creemos que al leer un texto evangélico, como el que hemos leído, lo podemos aplicar a los diáconos, presbíteros u obispos, religiosos y religiosas. Y tal vez tengan razón, creo que estos textos de índole vocacional han acompañado todo mi proceso formativo y han sido textos que han alentado mi vocación para seguir a Cristo por el camino de los consejos evangélicos.
Sin embargo los textos evangélicos nos son exclusivos para los ministros o los religiosos, sino que es un patrimonio a ser asimilado por parte de todos los bautizados.
“El llamado a seguir a Jesús es para todos”, Sí, para todos.

Seguir a Cristo es un llamado que recibimos en el sacramento del bautismo, y abarca cada elección, que a lo largo de la vida vamos haciendo.

Seguir a Jesús es una actitud de querer hacer su voluntad, independientemente del estilo de vida al que particularmente me haya llamado, puedo seguirlo en la soltería, en el matrimonio, en el sacerdocio, en la vida religiosa, etc.

¿Qué implica este seguimiento de Jesús?

1.    La llamada de Dios.

La llamada es una iniciativa que viene de Dios, Él es quien nos llama a seguir un camino, el cual tiene como meta su propia persona. Es un camino que hace a lo largo de toda la vida, un camino que puede presentarse como sencillo y en otras ocasiones difícil y hasta pudiera darnos la impresión de ser imposible de transitar. Sin embargo el llamado tiene una meta concreta el encuentro con Jesucristo resucitado.

2.    La Respuesta

Si hay un llamado, se requiere una respuesta, es nuestra, nos corresponde dar Sí a Aquel que busca nuestra salvación. La respuesta nos invita a ser seguidores de Jesús, antes que otra cosa. Hay ocasiones en que no somos seguidores de Jesús, sino adeptos a una religión, no somos verdaderos discípulos, oyentes del maestro, sino miembros de una institución que cumplen bien o mal sus obligaciones religiosas. La respuesta verdadera implica que seamos adeptos, discípulos y seguidores de Jesús, identificados por su proyecto.

3.    Misión

Elemento indispensable del llamado es la misión, esta solo la puedo traducir en testimonio de la acción salvífica de Dios en la propia vida, en la propia elección del estado en el que vivimos. El matrimonio debe ser testimonio de Dios precisamente en el amor incondicional, fiel y perpetuo al cónyuge; el religioso o la religiosa siendo testimonio del amor de Dios amándole a él de una manera indivisa, siendo fiel al carisma de su instituto; por su parte el soltero siendo fermento del reino de Dios en los entornos donde se desenvuelve.


 IV. ORACIÓN FINAL

Señor, te pido por las vocaciones
de cada uno de los bautizados, que sea cual sea 
la que hayas determinado 
para cada uno de ellos, 
obtengan la gracia de descubrirla 
y aceptarla conforme a tu voluntad, 
y se entreguen dócil y generosamente a él,
cumpliendo fielmente los deberes 
que la misma les imponga.


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